Accesibilidad y diseño para todos en la ciudad

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La discapacidad no depende necesariamente de las posibles limitaciones físicas o biológicas de los individuos. De hecho, puede darse incluso sin que ellas existan. Se define la discapacidad como «término genérico que incluye déficits, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación». Esta definición se refiere a los aspectos negativos de la relación existente entre el individuo, con sus características particulares, y los factores ambientales del contexto en el que vive.1

Se debe entender a la discapacidad también como la consecuencia de situaciones externas, ya que, muchas veces, es la falta de accesibilidad la que da lugar a la discapacidad de las personas. El concepto de discapacidad (OMS, 2002) se sustenta en las capacidades de cada persona para realizar y desempeñar tareas en diferentes entornos, sustentándose en los efectos facilitadores o limitadores que las características del entorno físico y social producen sobre lo demás. Al momento de realizar tareas o participar de la vida social, cualquier situación desfavorable que produzca dificultades para desarrollar un actividad, convierte a un individuo en discapacitado. Puede tratarse de una limitación muy leve o hasta la total imposibilidad de realizar una actividad determinada. En cualquier caso, la persona afectada podrá vivenciar esa situación en forma temporal o permanente, estática, regresiva o progresiva, pero sin lugar a dudas experimentará una discapacidad.


Las rampas mal direccionadas dirigen a los usuarios invidentes directamente al centro de la calle.

Las rampas que son inaccesibles para todos, usuarios en sillas de ruedas, carritos de bebés o adultos mayores, están lejos de facilitar la accesibilidad.

Al eliminar la referencia del cordón, sin la identificación correspondiente en el piso con las baldosas de cambio de textura, se aumenta el riesgo de cruce al peatón no-vidente, que no puede identificar por dónde debe cruzar.

La circulación de todos los peatones se encuentra interrumpida en la vía pública.

«Así como un mal picaporte transforma en inválida a una persona cargada con bolsas del supermercado, o la tapa a prueba de niños de un fármaco para ancianos imposibilita la apertura a sus usuarios, la tipografía pequeña, el mal diseño y la complicada presentación de los textos convierten a las personas normales en analfabetas».

Jorge Frascara2

La gente no sólo quiere, sino que necesita vivir mejor. La eliminación de barreras para lograr mayor accesibilidad para todos hoy en día es una prioridad que lleva a replantear y pensar seriamente en el nuevo desarrollo, planificación y diseño de la ciudad. La inclusión se ha vuelto imprescindible. Al gestar la organización de la ciudad, se debe diseñar con un propósito. Necesitamos ciudades menos hostiles y más accesibles en todos sus aspectos, en las que el propósito sea mirar al futuro, anticiparse, abrir pasos y facilitar caminos.

El propósito de las ciudades debe ser pensar en el vecino, verlo como usuario. Así, el replanteo de la accesibilidad en el desarrollo de la ciudad debe contemplar al usuario, integrarlo como parte del equipo interdisciplinario que trabaja en el plan de accesibilidad. Diseñar una ciudad con los usuarios en mente permite proyectar soluciones inmediatas, atendiendo a necesidades específicas: veredas más amplias, predecibles, generosas y transitables libres de obstáculos, con opciones y alternativas a nivel de la calle, espacios equilibrados y mayor amplitud entre personas y vehículos; una realidad más inclusiva, justa y equitativa.

Accesibilidad universal y diseño para todos

Aplicar los conceptos de accesibilidad y «diseño para todos» al urbanismo, significa lograr que cualquier persona, con independencia de sus capacidades, pueda acceder a una vía o un espacio público urbano, integrarse en él, comunicarse e interrelacionarse con sus contenidos.3 La accesibilidad universal es calidad de vida para todos. Enumeremos algunos ejemplos de accesibilidad conocidos por todos:

  • Las escaleras mecánicas reducen el esfuerzo para subir.
  • Las cintas transportadoras facilitan el desplazamiento.
  • En las rampas amplias se transita más cómodamente, no solamente los peatones sino también quienes llevan carritos de bebé, maletas, etc.
  • Los pisos antideslizantes ofrecen seguridad.
  • Las sendas peatonales bien demarcadas ayudan a cruzar minimizando los riesgos.
  • Los pasamanos ubicados en los lugares correctos facilitan el siguiente paso.
  • Las puertas de vidrio con faja de seguridad evitan que la gente se las lleve por delante.
  • Una señalización clara y comprensible guía al destino buscado sin pérdida de tiempo.

Aunque nos consideremos que tengamos discapacidades físicas o mentales, sin duda agradecemos todas estas comodidades mencionadas que, técnicamente, son recursos de accesibilidad. Evidentemente, estas comodidades no son indispensables para nuestra circulación y desplazamiento; sin embargo, no dudamos en utilizarlas.

La accesibilidad es una cualidad del medio que tiene el fin de satisfacer las necesidades y expectativas de todos los usuarios, y no solamente de la mayoría. La accesibilidad universal facilita el acceso y el uso de sistemas, objetos, bienes, productos o servicios sin que estos necesiten ser modificados o adaptados, permitiendo al usuario una interrelación autónoma con el entorno, totalmente funcional.

  1. Fundación Once, Cap. 1 «Capacidad, Funcionamiento y uso del Entorno Construido», Accesibilidad Universal y Diseño para todos Arquitectura y Urbanismo, Madrid: EA Ediciones, 2011, Pág.29.
  2. Jorge Frascara, Cap.1 «Explorar el Terreno, Responsabilidad Social», Diseño Gráfico para la Gente, Bs As: Ediciones Infinito, 2004, Pág. 53.
  3. Arq. María Medina Higueras, «Elaboración de Planes de Accesibilidad, Contenido y Aplicación», Jornadas de Accesibilidad Universal y Diseño para Todos, Edit, Ilunión 2014, Pág.3.

a través de http://foroalfa.org/

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